Ambas energías viven dentro de cada uno de nosotros, cuando estamos en desequilibrio, tenemos pensamientos, emociones y acciones radicales. Las personas con energía masculina más desarrollada son más agresivas, arriesgadas, competitivas, independientes tienden a ser insensibles, a veces ni piensan las consecuencias, y no soportan perder.

Las personas con energía femenina muy desarrollada suelen elegir estar más en contacto con la naturaleza, tienden a ser más miedosas, tímidas y manejables.

La energía femenina bien usada permite que busquemos mejores estrategias, que seamos más pacientes, y esa calma hace que pensemos mejor.

La mezcla equilibrada de ambas energías facilita que podamos ser más felices, sentirnos más completos, más humanos, más nosotros mismos. Saber esto es de vital importancia ya que nos ayudará a ser más efectivos a la hora de competir, a la hora de montar una empresa, o simplemente cuándo nos relacionamos con la familia y/o amigos.

Meditación guiada por Carolina Alcázar
Música de Magda Angélica https://magdaangelica.com/