El poder de la pregunta ¿Qué soy yo?

Hoy quiero compartir contigo el extracto de una de las charlas, que tanto disfruto y de las que tanto aprendo, de Pablo d’Ors, en ella habla sobre el valor de hacernos la pregunta ¿qué soy yo?  Dice que es muy poderosa pues es una manera de traspasar el umbral que nos permite entrar en la consciencia, y darnos cuenta de que esto que vemos es un aquí y ahora con minúscula, pero si nos abrimos de verdad y permitimos que se abra esa grieta entraremos a un Aquí y un Ahora con mayúscula  

Explica d’Ors que cuando has hecho el proceso de abrir el cuerpo, limpiar lo oscuro, sembrarte de luz, es cuando puedes hacerte esta pregunta, antes es prematuro.  Tienes que estar bastante silenciado y tranquilo para que la pregunta pueda ser eficaz. 

Un ejercicio que ayuda mucho a estar en paz es el siguiente: imagínate que estás sentado ante una ratonera de la que dé un momento a otro va a salir un ratón; el ratón es un pensamiento que va a salir de tú mente.  Mira la ratonera (tú mente) dándote cuenta de cuál va a ser el primer pensamiento que vas a tener.   Puedes llegar a sentir dos cosas, una que estás mirando tú mente y alrededor tuyo hay ruido, confusión, pensamientos fuera que no llegan a ser pensamientos, solo son como un revoloteo, sin forma.   Por decirlo así, es como si de la ratonera no llega a salir el ratón, pero puedes ver su cola.

Esto quiere decir que los pensamientos completos no se planean o proyectan tan fácilmente, esto es importante saberlo y darse cuenta porque significa que tenemos una capacidad de atención mucho mayor que la que imaginamos.  Pensamos que todo es parloteo interior, pero si hacemos este ejercicio veremos que somos capaces de ver en medio de la turbulencia que podemos estar atentos.  Si puedes pasar dos o tres minutos sin tener un pensamiento, ese es el momento para preguntarte ¿qué soy yo? 

Resiste la tentación de responder.  Responder siempre es una tentación.  En cambio, preguntar siempre es una virtud, porque quien pregunta está abierto, quien responde casi siempre se empieza a cerrar.  Entonces en cuanto más nos abramos más comprenderemos el misterio de Dios, más entraremos en la consciencia.

Por qué es difícil mantenerse en la pregunta ¿qué soy yo? Primero porque nos vienen respuestas mentales.  Recházalas.  La mente no puede responder esa pregunta.  Las respuestas de la mente son provisionales, son secundarias, son radicales, y no nos hablan de nuestra naturaleza original, por eso no hay que fiarse de esas respuestas.  Hay que mantenerse en el silencio, en la atención.  Y segundo porque es muy difícil tener verdadero interés en saber qué soy yo.  Puedes tener interés en responder esta pregunta con interés una, dos o tres veces, pero a la séptima vez has perdido el interés.  Esta pregunta no se puede responder si no tienes un interés tan grande como por ejemplo salvar a un hijo que se está cayendo por un precipicio, tú vas corriendo y punto.  Esa es la actitud que hay que tener para poder encontrar una respuesta que no es teórica, sino que es una respuesta existencial.  Tú nunca te vas a responder con palabras a esta pregunta, simplemente vas a saber que sabes, o que no sabes, pero no te importa. 

La respuesta a la pregunta ¿qué soy yo? No la da la mente, la da la Vida, y si tú estás despierto lo sabes.   Lo primero que te va a pasar, es que te vas desidentificando con lo que creías que eras y que no eres tus instintos ni tus emociones, lo segundo que te darás cuenta es que no eres tus pensamientos ni tus sentimientos, en tercer lugar, te darás cuenta de que no eres tus creencias o tus identidades, y por último te darás cuenta de que tú no eres tu cuerpo ni tu mente.  

Como primer punto, es necesario entender la diferencia entre emoción y sentimiento.  Tenerlo claro ayuda mucho.  La emoción se vincula al cuerpo, y por tanto eso lo compartimos con los animales, mientras que el sentimiento (mente) se vincula con la mente, es decir que tus sentimientos dependen de tu manera de pensar, no así tus emociones.  Las emociones son para todos iguales, vienen del cuerpo, pero tus sentimientos dependen de tu manera de pensar, eso significa que, si cambias tu manera de pensar cambiaran tus sentimientos.  Los sentimientos son voluntarios, tú puedes dirigirlos, puedes no ser víctima de ellos, pero eso supone trabajar el pensamiento.   La meditación también es una manera de trabajar la manera de pensar.  O sea, si tu eliminas lo oscuro siembras luz y tu pensamiento será positivo.  

Estamos llamados a tener un gran poder, pero eso supone desidentificarse de lo emocional y lo instintivo.  Tú puedes tener emociones, pero no te quedas enganchado a ellas.  Las miras amorosamente y las transitas y las dejas atrás.  Si haces este ejercicio permanentemente de no identificarte con tus emociones, con tus pensamientos, con tus sentimientos al final te asaltan menos y te vuelves más sereno.  No puedes estar en paz si tienes una turbulencia sentimental.  Nada quita más la energía vital como lo sentimental.  

Luego viene el proceso de desidentificarse de las creencias.  No hay proceso espiritual profundo que no deconstruya, que no eche por tierra y haga reconfigurar de manera nueva por completo la religión.  Por eso la religión en general ha sido enemiga de la mística porque esta última supone un reconfigurar por completo la religión y ponerla en tela de juicio.  Si uno no se atreve a poner en tela de juicio sus creencias no podrá crecer.  Si no nos atrevemos a hacernos preguntas mantenemos nuestras creencias en modo infantil y es un resto mítico mágico que no se atreve a pasar por lo racional y mucho menos por lo místico.  Entonces desmontar las creencias en las que se ha sostenido nuestra vida es muy duro.  Cuando nos quitan nuestra manera de entender la vida nos sentimos perdidos, sintiendo que nos engañaron.  No es que nos engañaran es que quienes nos educaron tenían esa comprensión, te han enseñado lo que han podido, ahora te toca a ti hacer tu parte de trabajo.

Lo siguiente es desidentificarse de las identidades o roles, por ejemplo, pensar que debes ser una buena mamá, una buena profesional, una buena esposa, una buena hija, una buena amiga, etc.  Nada de ello es importante.  Lo esencial e importante no es que seas una buena madre, sino que seas tú.  Si eres tú, serás una buena madre, esposa, hija, amiga, profesional, etc.   Cuando te desidentificas de tus roles es una gran liberación porque ya no tienes que responder a nada externo sino solo al interior, a tu consciencia.

Ya por último está la desidentificación de tu mente y de tu cuerpo.  No somos nuestra corporalidad ni nuestra personalidad, lo que somos es un espíritu psico somatizado, es decir, un alma que está teniendo una experiencia psico física.  Cuando morimos al dejar esta mente y este cuerpo es cuando nos desidentificamos por completo.

La pregunta ¿Qué soy yo? Te va introduciendo gradualmente en esta desidentificación de todo esto.  Lo primero será observar tus pensamientos, al hacerlo ya no eres el vigilante, ni el observador sino el testigo, y por último te conviertes tú mismo en esa pregunta.   La pregunta eres tú, ya no eres un testigo simplemente, sino que eres la consciencia, has entrado.  

La intención de mi corazón hoy es invitarte a desidentificarte de los roles que te impiden ser tú.  Recordándote que esta tarea puede que no sea fácil, rápida o simple pero es posible.

Carolina Alcázar   

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