El valor de la Nochebuena y la Navidad

De las celebraciones que más disfruto cada año son la nochebuena o víspera de navidad y el día de mi cumpleaños, pero de esto último te platicare en otra oportunidad.  En las fiestas de fin de año, me encanta como lucen las calles, como adornan las vitrinas y las casas, la música navideña, el olor a pinabete, decorar el árbol de navidad, cocinar galletas y la celebración de las posadas; esto último especialmente, fue algo que mi mamá QEPD dejó instituido en la Familia Alcázar Solís, y que, aunque ella ya no está entre nosotros, las seguimos llevando a cabo pues desde hace un poco más de 25 años, son la excusa perfecta para celebrar y compartir con mis hermanos, hermanas y sus familias el nacimiento en nuestro corazón del niñito Jesús.  

Mis navidades más recordadas.  

Mi primera nochebuena la celebré a los once meses de edad en la ciudad de Mazatenango el 24 de diciembre de 1959.  No tengo recuerdos conscientes de las tres primeras nochebuenas, pero me gusta imaginarme siendo una niña sonriente, sana y feliz.  Era para ese entonces la más pequeña de los cinco hermanos, a Lety, la hermana que me sigue, aún le faltaban dos meses de gestación para venir al mundo.  Éramos en ese entonces una familia de 7 miembros, vivíamos en una casa pequeña y aunque la economía de mis padres no era de bonanza, siempre tuvimos lo que necesitamos.  Hoy puedo reconocer con gratitud todos los esfuerzos que hicieron nuestros papás para sacarnos adelante y darnos desde sus posibilidades lo mejor que estaba a su alcance. 

Cuando se es niño, suele darse más importancia a los regalos que al verdadero motivo por el cual se celebran la nochebuena y la navidad, por eso es importante recordar el verdadero motivo y significado de la celebración de esta festividad.  Que es una de las celebraciones más importantes del cristianismo en la que se realiza una serie de actividades por la llegada de Jesucristo, hijo de Dios, al mundo.  Al 24 de diciembre se le llama nochebuena, esto se debe a que tradicionalmente se cree que Jesús vino al mundo entre la medianoche y la madrugada de ese día.

Mis primeros recuerdos conscientes de nochebuena son de cuando estaba por cumplir 5 años de edad.  En el mes de diciembre toda la casa se llenaba con el olor a pinabete, a pino, a musgo y manzanilla.  Comer manzanas rojas, uvas y peras era algo que podíamos hacer únicamente en esas fechas.  Esperar la media noche acostándonos al pie del árbol navideño, en la espera de la llegada de las doce, era para mí algo difícil de lograr, porque, aunque tenía ilusión por abrir el regalo que el Niño Dios, decía mi mamá, nos había traído, eran mayor el sueño y el cansancio, y me terminaba quedando dormida.  Algunas veces lograba despertarme con los gritos de alegría de mis hermanos destapando su regalo y el sonido de los cohetillos en las calles que anunciaban que ya eran las doce de la noche.  

Entre las memorias que tengo de los regalos que recibí y más valoré, están: un osito de peluche color caramelo, una muñeca a la que le puse de nombre Rocío, una lavadora de ropa que funcionaba con baterías y la única Barbie que tuve.  Me gustaron tanto esos juguetes que aun puedo recordarlos con claridad.   Siempre he tenido la curiosidad de saber qué paso con ellos, que fin tuvieron porque no tengo imágenes de verlos rotos o destruidos, sencillamente llega el momento en que desaparecen de nuestra vida.  

Deje de creer en Santa como a los 7 años de edad y recuerdo la desilusión que sentí cuando supe que no existía.  De las travesuras de nochebuena están la búsqueda incansable de los regalos, si Santa no existía ¿entonces donde escondían mis papás los regalos? Porque no dejábamos en la casa sitio sin registrar, y los benditos regalos no aparecían.  Ya siendo adulta le pregunte a mi mamá en una oportunidad ¿mami en donde escondían nuestros regalos de navidad? Me dijo: en casa de Don Lucas y Doña Justa porque sabíamos que ustedes los iban a estar buscando.  Con razón nunca los encontramos respondí.

La nochebuena de 1973 es otra fecha que recuerdo también con claridad por ser la primera nochebuena que pasaría lejos de la casa de mis papás, me habían enviado en el mes de octubre de intercambio a los Estados Unidos y no regrese sino hasta el mes de junio de 1974, sin imaginarme que no sería sino hasta diciembre de 1989 que volvería a compartir con ellos nuevamente otra nochebuena.    

Me casé en septiembre de 1974 y a partir de ese año empecé a compartir con Álvaro, esa y cualquier otra fecha significativa en la privacidad de nuestro hogar.  Esa primera nochebuena recién casada, recuerdo que lloré porque yo venía de una familia numerosa y ahora éramos solamente él, su abuelita, y yo quienes esperamos la llegada de la media noche prácticamente en silencio.  Eso fue algo que me costó mucho aceptar, no me daba por vencida, le pedía cada año que fuéramos a casa de mis papás a pasar la media noche y me respondía que no, que ahora éramos una familia y que teníamos como familia que celebrarlo aparte.  

Hoy con otra consciencia, puedo reconocer el gran valor que tuvo la negativa de Álvaro, en los recuerdos y memorias hermosas de nuestros hijos de las navidades de su infancia está el haber vivido nosotros siete la experiencia en la privacidad de nuestro hogar.   Álvaro cada nochebuena se ingeniaba una manera distinta para hacerle a nuestros hijos amena y divertida la espera de Santa Claus.  Eso duro hasta que los primos de nuestros hijos que ya no creían en Santa, les dijeron que no existía y que eran los papás quienes traían los regalos.  Siempre me he preguntado ¿qué ganan las personas diciéndoles a los que si creen que Santa no existe?

No fue sino hasta la nochebuena de 1989 que tuve la oportunidad de ir a casa de mis papás a celebrar con ellos la cena y entrega de regalos.  Mi papá había sufrido un accidente automovilístico en 1983 y sus últimos siete años de vida los paso con varias complicaciones de salud.  Ese año le dije a Álvaro: Ahora si, por favor vayamos a pasar la nochebuena con mis papás porque presiento que está será su última navidad y efectivamente así fue.  Mi papá falleció el 1 de noviembre de 1990.

En conclusión ¿Qué aprendí de la navidad tanto en casa de mis padres y luego en mi propio hogar?  Que la navidad es el valor que le damos a la familia.   Que el tiempo que dedicamos a estar reunidos sirve para fortalecer los valores como la unión, la generosidad, la gratitud y la alegría.  Que la cena que se ofrece es para dar gracias a Dios por todas las cosas que de su mano hemos recibido durante ese año.  Que los regalos se disfrutan y agradecen, pero lo más valioso es que podamos recordar que lo más importante es que celebramos la llegada al mundo de nuestro salvador, nuestro Señor Jesucristo, todo lo demás es secundario. 

¿Qué recuerdos guardas en tu mente y corazón de tus navidades pasadas? ¿Crees que hay algo que puedas hacer, decir o implementar a tu festejo este 2021 para hacer de tu nochebuena un momento inolvidable? Si aún no lo habías pensado, te invito a que lo hagas, nunca sabremos cuando será también para nosotros la última nochebuena a celebrar. 

«En esta navidad, deseo para ti y los tuyos que todo lo que llegue a tu vida sea mejor de lo que buscas, dure más de lo que esperas, y te haga más feliz de lo que pudiste imaginar» 

Felices fiestas de fin de año.

Carolina Alcázar

© Derechos Reservados 2022 Carolina La Mujer de Hoy

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